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Control del estado personal.

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Control del estado personal.

Prodigios especiales de la PNL:

Control del estado personal.

 

Vamos a considerar la manera de aplicar algunos de los aspectos especiales de la PNL de modo interno, para tu mejora y bienestar personal.

Tu calidad de vida gira en torno a tus estados emocionales. ¿Cuánta gente conoces que invierta tiempo y dinero en adquirir posesiones materiales tan sólo para ser felices? Pero lo importante es la felicidad, no las posesiones. De vez en cuando oyes historias de personas que “lo tenían todo” y que se suicidan o se toman una sobredosis de narcóticos. Son personales que no logran alcanzar estados emocionales positivos. ¿Has conocido alguna vez a alguien que “renunciara a todo” para poder ser feliz? ¿O para estar enamorado? ¿O en paz consigo mismo? Estas personas conocen el valor de los estados emocionales.

Es muy importante comprender que puedes controlar tus estados emocionales. Otras personas pueden influir en tu entorno, igual que tú, pero nadie más dispone del control remoto que determine tus emociones. Tú, sin embargo, sí que dispones de un control remoto, simplemente hay que saber usarlo.

Consideremos por ejemplo la rabia, una emoción importante, que a menudo se considera negativa. ¿Cómo crees que te enfadas? ¿Hay alguien que te ponga de mal humor? ¿Algunas situaciones te enfadan irremediablemente? ¿Es su origen el universo? ¿Estas son algunas preguntas interesantes?

Antes de ofrecer mis respuestas, hagamos una digresión por un momento. Sabemos que algunas personas nos irritan. Así de sencillo. Es probable que hayas pensado en varios conocidos en este mismo instante. Si son verdaderamente buenos en esta habilidad de irritarte, ni siquiera tiene que hablarte o hacer nada para que tú te enfades.

Sabemos que ciertas situaciones nos ponen furiosos. Tal vez en tu caso sea la injusticia en el mundo. O los comportamientos irrespetuosos con los demás. O la ordinariez, la conducta vulgar.

Sabemos que ciertas situaciones nos ponen furiosos. Tal vez en tu caso sea la injusticia en el mundo. O los comportamientos irrespetuosos con los demás. O la ordinariez, la conducta vulgar.

Sabemos que ciertas situaciones ajenas a nosotros nos alteran. A veces, sólo entrar en una habitación percibes una tensión tan fuerte que se puede cortar con un cuchillo. Empiezas a captar la tensión y la hostilidad casi en ese mismo instante.

A veces, el mundo exterior no tiene nada que ver con ello. Si te das con un martillo en el dedo, es muy posible que aúlles y expreses tu enfado. Si quieres desarrollar un juego agresivo en un partido de tenis, podría ayudarte crear cierto estado de rabia. Podrías sentarte en una habitación pensando en un aspecto de tu vida y simplemente ponerte furioso… tú solito.

Todos conocemos la emoción de la rabia, pero ¿sabemos de verdad cómo le damos vida? O incluso, ¿qué es? Estaría mal que ser humano nos exigiera leer el Manual de introducción sobre cómo ser un ser humano. Si por casualidad encuentras un ejemplar, por favor, envíamelo.

De modo que, ¿Cómo te pones furioso? La mayoría de la gente se enfada al acceder a ciertas “anclas”, muchas de las cuales se activan mediante representaciones internas que generamos. Un ancla es el término de PNL para una respuesta emocional automática a un estímulo dado. ¿Recuerdas a Paulov y su campana? Cada vez que sonaba la campana, el perro empezaba a salivar. El estímulo (la campana) provocaba la respuesta (salivación). Paulov se hizo famoso por ese experimento. En PNL, cuando se crea una relación estímulo-respuesta, al estímulo se le llama ancla.

Mediante una combinación de anclajes aplicados a uno mismo y con el control de nuestras posturas físicas y expresiones faciales, podemos hacernos expertos en la creación de estados emocionales en los que vivimos nuestras vidas.

Pensemos otra vez en lo que llamamos rabia (eso que siempre intentamos “controlar”). Algunas personas nos ponen furiosos, ¿No es así? Sí que lo hacen. Se han convertido en un ancla, un estímulo, para nosotros. Nos hemos enfadado por su culpa suficientes veces como para que el simple hecho de ver su cara u oír su voz nos saque de nuestras casillas. Es un ancla autoinducida que se ha aplicado erróneamente.

Ciertas situaciones nos ponen furiosos, ¿cierto? Por supuestos que sí. Es algo que tenemos perfectamente instalado en nuestro sistema nervioso; se llama reacción de “combatir o retirarse”. No obstante, somos nosotros quienes creamos esa furia. ¿Cómo la creamos? En esencia, ajustamos nuestros aspectos físicos y configuramos representaciones internas que están ancladas a la rabia, y luego nos provocamos a nosotros mismo un estado de rabia. No es la situación lo que nos pone furiosos sino las cosas que visualizamos dentro de nuestra cabeza, las cosas que nos decimos a nosotros mismos, las sensaciones que recreamos para nosotros y los aspectos físicos  en los que nos sumimos, que se combinan para aportarnos este estado emocional de rabia.

Ciertas situaciones externas nos ponen de muy mal humor. Desde luego, así es. Entramos en una habitación llena de hostilidad y empezamos a sentir rabia. Pero ¿cómo lo hacemos? En esencia, entramos en un estado de afinidad con la gente furiosa. Subconscientemente adoptamos su porte físico, las expresiones faciales y pautas vocales y, voilá, ya estamos enfadados.

La cuestión es que somos nosotros quienes creamos la rabia, no el mundo exterior. Las cosas que suceden en el mundo exterior pueden ser la razón de que nos encontremos en un entorno adecuado a la rabia, pero nosotros hacemos el trabajo necesario para ponernos furiosos. Y ya que nos ponemos en un estado de enfado, podemos hacer algo diferente.

En las siguientes secciones vamos a estudiar maneras de crear verdaderas opciones emocionales en tu vida, no maneras de controlar la rabia, sino más bien de escoger respuestas emocionales diferentes. Y consideraremos maneras de apreciar las emociones de la rabia; o de la tristeza, culpa (¿recuerdas esa emoción que dije que deberíamos eliminar?), miedo, angustia, desesperación, y otras.

Vamos a aprender maneras de reducir la frecuencia de las emociones desagradables e inútiles y formas de potenciar tu capacidad para beneficiarte del uso apropiado de las emociones. Vamos a aprender algunas cosas que, desde luego, se han incluido en ese esquivo Manual de introducción sobre cómo ser un ser humano.

Opción emocional

En un apartado posterior sobre anclas, compartiré contigo una técnica que puede ayudarte a adquirir un nivel alto de control sobre tu vida emocional. Es un proceso que puede ayudarte a eliminar la sensación de que te dominan tus emociones y, en su lugar, hacerte disfrutar de una verdadera libertad emocional. Puedes ser capaz de elegir qué emociones experimentar en la mayoría de circunstancias de tu vida.

Una vez disfrutes de libertad emocional, empezarás a descubrir opciones que tal vez no hayas tenido antes. Por ejemplo, habrá ocasiones en que sentirás una emoción negativa, tristeza, por ejemplo. Tu atención exterior te puede alterar sobre ese hecho y tendrás la oportunidad de sentirte triste o sentir una emoción más positiva, como felicidad. Aún así, ¿quieres ser feliz?

Yo personalmente creo que millones de años de evolución no pueden equivocarse del todo y que nuestras denominadas emociones “negativas” no siempre son los chicos malos de la película, como pretendemos. De hecho, cumplen propósitos muy importantes y merecen todo nuestro respeto. El problema no reside en las emociones negativas, sino en una falta de opción emocional. Cuando la gente siente que no tiene elección con sus emociones, tiene la impresión de sentirse invadido por las emociones negativas y se considera rehén de ellas durante cantidades desorbitadas de tiempo. Cuando dispones de una opción emocional, puedes renovar tus ideas sobre estas emociones y tal vez incluso llegues a apreciarlas.

Estudiemos algunas de las emociones negativas más comunes y consideremos durante un momento los propósitos positivos para los que pueden servir.

Rabia: Una emoción cargada de mucha energía; se puede aprovechar para ayudarnos a reaccionar y pasar a la acción; nos puede llevar a salvar un obstáculo que de otro modo sería difícil sobrepasar. A menudo se asocia a situaciones que no son de nuestro agrado y nos facilita la energía para pasar a la acción como respuesta a ellas.

Tristeza: Una emoción baja energía que estimula la reflexión profunda. En ocasiones es necesaria si nos vemos obligados a hacer frente a situaciones emocionales difíciles, como la muerte de un ser querido.

Miedo: Una emoción cargada de energía. El miedo intensifica los sentidos y la atención, lo cual es útil para alertarnos de problemas potenciales; nos ayuda a adquirir información que de otro modo tal vez no obtendríamos. Nos proporciona energía para responder con rapidez y escapar en caso necesario.

Culpa: Una emoción vinculada a la evaluación de los bueno y lo malo. Si no disponemos de otros medios para evaluar las acciones en relación con los valores, la culpa puede limitar nuestras opciones a la hora de actuar. Una vez conocemos la información presentada en este libro, deberíamos ser capaces de reemplazar la culpa por métodos más productivos de evaluación.

Dolor: Similar a la tristeza, es una emoción baja en energía que estimula la reflexión profunda. Nos permite saber que lo que estamos experimentando no nos sienta bien.

Decepción: Se produce cuando se crean expectativas que no se cumplen; una emoción baja en energía que estimula la reevaluación de las expectativas y los medios para alcanzarlas.

Ansiedad: Una emoción con fuerte carga energética que centra la atención en un acontecimiento que aún no ha sucedido, pero cuyas consecuencias nos inquietan. La ansiedad nos mantiene atentos y puede transformarse en excitación, que nos dará la energía para prepararnos para el acontecimiento.

Aunque mucha gente diga que tendrías que intentar evitar las emociones negativas, creo que toda emoción sirve para algo. La gente es primero emocional, racional en segundo lugar, y creo que las emociones se pueden aprovechar si se tiene esto presente. Cuando eres capaz de impedir que las emociones negativas te hagan perder el control eres libre para pensar en función de cómo emplearlas de manera productiva.

Cuando empiezo a sentir una emoción negativa, mi atención externa (de la que hablaremos en el apartado siguiente) normalmente me advierte de este hecho. El primer paso es evaluar la emoción negativa en función de mi contexto vital. Por ejemplo, si siento tristeza, me pregunto a mí mismo  si necesito tomarme cierto tiempo para una reflexión profunda. Si la respuesta es sí, y la situación presente lo justifica, entonces me permitiré estar triste. Será o que yo he elegido.

Durante ese tiempo, mi conciencia externa me hará prestar atención periódicamente a la tristeza y yo evaluaré si he tenido lo que considero la cantidad apropiada de tiempo de reflexión. Si así fuera, optaré por un nuevo estado. Para mí, la cantidad apropiada de tiempo es el tiempo que me hace falta para recibir el mensaje y determinar cómo respondo a él. La mayor parte de las emociones llamadas negativas atraen nuestra atención sobre aspectos de nuestras vidas que no van bien y proporcionarnos un estado en el cual seamos capaces de evaluar la situación, estos estados emocionales negativos nos ayudan a dar sentido a las cosas y encontrar soluciones a nuestras dificultades. Si en el transcurso del periodo de reflexión, el mundo exterior cambia, tengo plena libertad para ajustar mis estados emocionales y responder a estas nuevas circunstancias. No tengo que ponerme melancólico en medio de una fiesta si no me apetece. Puedo elegir.

He descubierto que este modelo de opción emocional funciona a la perfección. Puesto que he aprendido y empleado las técnicas descritas a lo largo de este libro, soy consciente de mis emociones y soy capaz de elegir cómo me siendo prácticamente en cualquier punto en el tiempo.

Algo aún más interesante, he descubierto que en la mayoría de casos, mis emociones son las adecuadas para lo que estoy experimentando en mi vida. Una vez he roto con los patrones habituales que permiten que las emociones negativas persistan (y he aprendido cómo hacer que mi vida vaya como yo quiero), he descubierto que las emociones negativas por lo general están justificadas y son útiles. Mi cuerpo sabe mantenerme sano emocionalmente. He aprendido a confiar en mi inteligencia emocional y en sus sabias decisiones. Una vez finaliza su servidumbre, verás que las emociones negativas tienen un propósito útil y deben respetarse por el papel que desempeñan en la resolución de dificultades. Como he dicho antes, millones de años de evolución no pueden equivocarse.

 

Asociación y disociación.

 

Antes de empezar la siguiente serie de preguntas, quiero que dediques un momento a considerar cómo te sientes. En este mismo instante, presta atención a tu estado emocional.

Permíteme que te haga una pregunta. ¿Qué impresión tienes de ti mismo? ¿Estás orgulloso de la persona en la que te has convertido? ¿Te impresionan las cosas que has hecho? Sea cual sea la respuesta, no son éstas las preguntas más importantes que quiero que respondas.

¿Qué opinión te merece lo que opinas de ti mismo? ¿Te sietes culpable por no opinar mejor? ¿Eres duro contigo mismo y crees que deberías ser más indulgente? Sea cual sea la respuesta, tampoco son éstas las preguntas más importantes que quiero que respondas.

Si fueras tú quien escribe este libro, ¿sabrías qué consejo darte respecto a la opinión que te merece lo que opinas de ti mismo? ¿Sabrías cómo responder, como escritor, a las necesidades cambiantes que tú como persona tiene sobre tus sentimientos con respecto a ti mismo? En esta situación, ¿sabes qué consejo podrías dar o querrías decir a la persona que lee este libro? Si lo haces o no, éstas tampoco son las preguntas más importantes que quiero que contestes.

La pregunta más importante tiene que ver con la perspectiva. ¿Eres consciente de tu capacidad para cambiar de perspectiva? Probablemente ya habrás experimentado como mínimo cuatro perspectivas diferentes. Son:

Perspectiva 1. Cómo te sientes ahora mismo.

Perspectiva 2. Qué opinión tiene sobre ti mismo.

Perspectiva 3. Qué opinión te merece tu opinión sobre ti mismo.

Perspectiva 4. Cómo te sentirás si fueras el autor de este libro pensando sobre qué opinión te merecería lo que opinas de ti mismo.

Los seres humanos tenemos la capacidad de cambiar de perspectiva. Podemos experimentar el mundo a través de nuestros sentidos y experimentar el mundo de forma menos directa. Podemos pensar sobre nuestra vida, en vez de pensar en nuestra vida. Podemos pensar sobre lo que pensamos sobre nuestra vida, y podemos pensar sobre lo que pensamos sobre eso. Podemos cambiar de posición perceptiva varias veces.

Sí podemos hacer incluso más. Podemos pensar sobre cómo seríamos si de hecho fuéramos una persona del sexo contrario. O si fuéramos Dios, juzgándonos a nosotros mismos. O si nos transformáramos de nuevo en un niño. O si nos convirtiéramos en un animal que vive en la naturaleza. O si en realidad hubiéramos estado soñando todo el rato y de hecho fuéramos otra persona en un lugar diferente. Podemos imaginar escenarios casi ilimitados y podemos tener fantasías sobre el mundo que tal vez nunca existan o que, de hecho, existan pero que no se conozcan.

Este es el aspecto prodigioso de la humanidad que nos permite relacionarlos con los demás como si les comprendiéramos. Nos permite considerar nuestras acciones y determinar qué podría pasar como resultado. Nos permite planear y nos aporta algo en lo que poner nuestras ilusiones. Sin esta capacidad, no seríamos capaces de plantear la pregunta: “¿Cuál es nuestro propósito en la vida?”, y mucho menos dar con una respuesta. Esta capacidad para cambiar de perspectiva es una parte integral a la hora de hacer frente a nuestros estados emocionales.

Algunas disciplinas espirituales hacen referencia a una atención exterior, un conocimiento de lo que está sucediendo mientras está sucediendo. Esta conciencia externa te permite hacer un seguimiento de lo que estás haciendo mientras lo estás haciendo. Si por casualidad has estado actuado irracionalmente, esta conciencia verá racionalmente que actuabas irracionalmente.

En PNL los términos asociación y disociación se emplean para clasificar desde un punto de vista general las diferentes perspectivas que los seres humanos pueden crear. La asociación es el proceso de conceder plena atención a tus experiencias sensoriales (o incluso la experiencia sensorial de otro punto de vista). Tiene que ver con “vivir el momento”, dejarse llevar”, “sentirse arrebatado”, meterse de lleno en las cosas”. Son expresiones que empleamos para caracterizar un estado de plena asociación. Cuando experimentamos la pura asociación, no tenemos una conciencia externa de ésta ni tenemos una conciencia externa de lo que estamos sintiendo, haciendo o pensando. Los estados puramente emocionales se experimentan cuando la gente está plenamente asociada y “actúa movida por” la rabia, el miedo, los celos, el amor, el orgullo o cualquier otra emoción fuerte. Los estados asociados no son lógicos, ni implican acciones que se hayan pensado previamente.

La disociación describe el proceso de tener una conciencia externa a ti mismo (o cualquier otro punto de vista). Cuando piensas “sobre ti mismo”, “te paras a mirar las cosas”, “retrocedes para recapacitar por un momento”, “te distancias”, “sales de la situación”, entonces experimentas un proceso disociado. Cuando estás puramente disociado, tienes una conciencia externa de lo que estás sintiendo, pensando o haciendo. Los estados disociados pueden ser lógicos, planeados, ordenados y metódicos. Pueden ser estados racionales y suscitar acciones y conductas que probablemente tengan “sentido” para ti.

No obstante, matizando un poco más, siempre estamos asociados al punto de vista desde el que observamos, aunque estemos asociados a un estado disociado.

Los estados asociados caracterizan nuestras experiencias más intensas. “Perderse en el amor” puede ser una experiencia positiva muy intensa. Pensar en el amor rara vez es tan intenso. La rabia puede ser explosiva. Comprender nuestra rabia puede hacerse con calma durante una conversación. Para conseguir la experiencia más plena, la asociación es la fórmula. La gente busca a menudo vivir el momento, disfrutar de su vida al máximo en todo instante. Esa asociación puede ser regocijante: sin embargo, cuando nos encontramos en un estado asociado, no conseguimos hacer planes o preparados. En los estados asociados, la gente pasa a la acción, pero a menudo sin evaluar a conciencia las circunstancias.

Los estados disociados tipifican nuestras experiencias más racionales. Planificar, comprender, pensar en, considerar, analizar y preparar normalmente son estados disociados. Son estados más conservadores que nos impiden “perder el control”. Solo la idea de la posibilidad de perder el control caracteriza un proceso disociado. Presupone que una cosa controla la otra; en este caso tu conciencia disociada está controlando las acciones que tu yo asociado podría emprender. Los estados disociados nos permiten comprender que nuestras acciones tienen consecuencias y nos ayudan a restringir las respuestas emocionales que pueden ocasionar efectos perjudiciales. Los estados disociados explican el comportamiento de la gente que evita pasar a la acción y prefiere continuar compilando datos e información para poder “entender” plenamente la cuestión.

También es posible aproximarse al estado asociado usando la imaginación. Cuando vamos al cine, tomamos la perspectiva de uno o más de los personajes. Sentimos emociones casi como si fuéramos nosotros mismos quienes estuviéramos en la película. Los directores expertos crean escenas convincentes que estimulan tu implicación emocional en la película. Cuando eres “absorbido” por una película, se trata de un proceso asociativo, pese a que los acontecimientos no sucedan de hecho en tu vida. Es más, pierdes conciencia de dónde estás, de qué estás haciendo y de cómo te estás sintiendo. Estás más pendiente de la emoción del cine que de si tu espalda está cómodamente recostada en el respaldo.

La asociación suscita de forma característica una experiencia más intensa, más “plena”, en cualquier momento dado. Te permite “sentirte arrastrado por el momento” y “estar aquí y ahora”. Los conceptos de tiempo y planificación no existen dentro de los estados asociados y la gente en estados asociados puede parecer poco fiable. Alguien en un estado asociado, con quien hayas quedado a las seis de la tarde, podría no presentarse hasta las siete, podría olvidarse por completo de la cita o tener demasiadas cosas entre manos para acudir o llamar. Cuando la gente se encuentra en estados asociados, se resiste normalmente a tomar decisiones, ya que las decisiones limitan sus opciones para hacer lo que les apetece en cada momento. Es una experiencia de acción. Cuando estás en estado asociado, es fácil que te pierdas en tus emociones y no logres mantener la opción emocional y una perspectiva externa. Por consiguiente, puedes sentir celos o miedo con la misma profundidad que amor y libertad, y puedes carecer de una conciencia plena de las consecuencias de tus acciones. Los estados asociados son normalmente más emocionales que intelectuales.

La disociación tiene como resultado característico una experiencia más objetiva en cualquier momento dado. Te permite ver las cosas desde un punto de vista general y te permite evaluar las circunstancias. La conciencia del tiempo está presente en los estados disociados y por lo tanto la planificación es algo posible. La gente en estados disociados puede parecer fiable. Alguien en un estado disociado con quien has quedado a las seis podría no presentarse hasta las seis y cinco, pero sería plenamente consciente de que llega unos cinco minutos tarde. Cuando la gente esta en estados disociados, prefiere tomar decisiones, sobre todo de la manera intelectual. Es una experiencia de contemplación e intelectualización.

Cuando estás disociado, es fácil perder el contacto con tus emociones y es fácil manejar experiencias difíciles con ingenio. Es probable que seas plenamente consciente de las consecuencias de tus acciones, sobre todo de la manera intelectual. Los estados disociados por lo general son más intelectuales que los emocionales y generan más contemplación que acción.

             Psicólogo:              ¿Cómo se siente hoy?

                   Cliente:              Estoy muy enfadado. ¡Estoy terriblemente enfadado!

             Psicólogo:              ¿Qué opinión le merece su enfado? (lleva a su cliente a un estado disociado).

                   Cliente:              Estoy decepcionado (un estado con mucha menos carga energética, y la emoción de la rabia se transforma de inmediato.

Hace mucho tiempo que se oye hablar de la disociación; no obstante, no siempre se nos ha enseñado de manera explícita. ¿Cómo controlar la rabia? Mucha gente te dirá sencillamente “distanciarte” o “retrocede en la situación” o algo al efecto. Lo que te están diciendo es que deberías disociarte de su experiencia.

La disociación se puede enseñar de manera más explícita que a través de esta clase de metáforas. Cuando estás asociado, estás en plena sintonía con la información sensorial. Ves el mundo a través de tus propios ojos y lo oyes a través de tus propios oídos. Hablas en voz activa (“me siento dolido”), y no con construcciones impersonales (“es comprensible sentir cierto nivel de dolor”).

Cuando estás disociado, dispones de perspectivas diferentes. Puedes ver la situación, contigo en ella. Visualmente, podrías desplazarte e imaginar la situación desde un punto de aventajado. Imagina que te miras a ti mismo en este instante desde encima de ti. ¿Qué aspecto tienes desde ese punto aventajado? ¿Ves la parte superior de tu cabeza? ¿En qué piensa es apersona ahí abajo? Ahora vuelve a tu cuerpo y continúa leyendo. Cuando te viste a ti mismo desde arriba, ¿eras consciente de las letras de esta página? Probablemente no.

La disociación tiene que ver con desplazarte a ti mismo mentalmente. Es posible conseguirlo con la visualización. Contemplarte a ti mismo desde arriba es un proceso imaginativo. Puedes imaginarte que estás en cualquier perspectiva. Puedes contemplarte desde arriba (a menudo te representas en una posición de mayor conocimiento o autoridad moral); puedes mirar desde una perspectiva diferente, por ejemplo, desde un rincón de la habitación (a menudo representando un nivel equivalente de autoridad, pero con más capacidad para ver la “imagen general”). En una perspectiva disociada, tú mismo fabricas tu visualización (en realidad, no estás en el techo), de modo que también puedes ajustar sus submodalidades. Puedes reducir más el nivel de implicación emocional alejándote todavía más (aumentando la distancia), o disminuyendo la luminosidad o convirtiéndola en una imagen en blanco y negro. Juguemos un poco con estos conceptos durante un momento.

  1. Recuerda alguna discusión fuerte que hayas mantenido con alguien, una discusión en la que sintieras una rabia intensa.
  2. Piensa en la discusión mientras la mantenías y mira a través de tus propios ojos el rostro de la otra persona, que está hablando en este momento. Escucha con tus propios oídos las palabras y escucha con intensidad cómo las dice exactamente esa persona. Vuelve apercibir con exactitud lo que sentías en ese momento
  3. Ahora haz una pausa y presta atención a lo que has sentido. ¿Has empezado a sentirte enfadado otra vez?
  4. Ahora imagina de nuevo la experiencia, pero obsérvate desde unos tres metros de distancia. Desde esa distancia, contempla los acontecimientos y oye los sonidos.
  5. ¿Cómo te afecta? ¿Te sientes más controlado y más consciente?
  6. Ahora imagina esa misma experiencia, pero, en esta ocasión, imagínatela como una pequeña imagen muy alejada. Obsérvala en blanco y negro, pero reduce el contraste hasta que casi sea de un gris claro. Baja el sonido hasta que apenas consigas oír lo que estés mirando desde arriba.
  7. ¿Cómo te afecta esto? ¿Estás completamente desvinculado del proceso?
  8. Ahora vuelve a conectar con el suceso a todo color, volumen fuerte, contraste y tamaño natural, volviendo a ver y a oír con tus propios ojos y oídos. ¿Adviertes algún cambio?
  9. Disocia una vez más, haz descender esa imagen mucho más y permite luego que se difumine en la distancia hasta desaparecer por completo.

La mayoría de la gente sentirá diferencias significativas mientras se imagina en cada una de estas perspectivas. Simplemente se trata de un proceso de asociación consciente. Lo puedes hacer con cualquier suceso de tu vida y en cualquier momento. Lo único que necesitas es estar lo suficientemente disociado como para acordarte.

La disociación es un proceso humano natural para disminuir y evaluar las emociones. Por otro lado, la asociación puede conseguir precisamente lo contrario. He aquí otro ejemplo:

  1. Recuerda una experiencia en la que sentiste un nivel objetivo de atracción sexual por alguien.
  2. Observa esa experiencia desde unos tres metros de distancia y contempla la interacción de ambos. Presta atención a qué impresión te crea desde esta distancia.
  3. Ahora, métete en tu cuerpo y observa a esta persona a través de tus oídos y percibe las sensaciones que experimentas mientras estás en esta situación.
  4. Ahora, acércate más a esa persona. Acércate tanto que puedas sentir el calor de su aliento en tu cuello. Tanto que puedas oler el calor de su cuerpo y sentir el calor y la humedad que interaccionan con los tuyos. Escucha la resonancia del aliento de la otra persona y advierte que alcanzas a sentir los latidos de tu corazón, que cada vez late más rápido.
  5. Mira a eta persona desde muy, muy cerca. Quizá tomes nota de la humedad de sus labios, la humedad de su boca. Quizás aprecies el leve temblor, seguido de una respiración profunda, sonora. Mírale fijamente a los ojos, primero uno, luego otro. Presta atención a los pequeños detalles que sólo se pueden apreciar a eta distancia, mientras continúas sintiendo la respiración por todo tu cuerpo.
  6. ¿Cómo te sientes ahora?
  7. Ahora retrocede y sal de la situación y contémplala de nuevo desde unos tres metros. ¿Te sientes diferente?

El proceso de asociación y disociación es así de sencillo. Puedes asociarte a o disociarte de los sucesos que imagina o puedes asociarte a o disociarte de acontecimientos que sucedan en cualquier momento dato. Si deseas que tus emociones se fortalezcan, si quieres involucrarte más, asóciate más plenamente y ajusta las submodalidades para tu nivel de experiencia sea más de tu gusto. Este proceso se inicia a menudo visualmente, pero se puede alcanzar con todos los sentidos. Las siguientes submodalidades parecen tener un efecto casi universal:

Submodalidades claves para ajustar los niveles de asociación/disociación.

Visual: distancia, luminosidad, imagen en color frente a blanco y negro, tamaño de imagen, posición (punto aventajado).

Auditiva: distancia, volumen, calidad de sonido, posición (punto aventajado).

Cinestésica: temperatura, humedad, intensidad, ubicación en el cuerpo.

Olfativa: intensidad, ubicación en la fuente.

Gustativa: intensidad.

Digital auditiva (diálogo interno): velocidad, volumen, ubicación, tono de voz, voz activa o pasiva.

Al variar estos atributos en tu proceso, lo cual se puede conseguir fácilmente a voluntad, lo más probable es que seas capaz de variar el nivel de implicación emocional que tienes en el proceso. Es un aspecto muy importante de la libertad emocional.

Al variar estos atributos en tu proceso, lo cual se puede conseguir fácilmente a voluntad, lo más probable es que seas capaz de variar el nivel de implicación emocional que tienes en el proceso. Es un aspecto muy importante de la libertad emocional.

Otro aspecto muy importante de la libertad emocional implica ser capaz de elegir lo asociado o disociado que quieres estar. Implica tener una conciencia disociada externa. Esta conciencia externa sirve de monitor evaluativo, tomando determinaciones constantes sobre si las cosas van como a ti te gustaría que fueran. Cuando las cosas van bien, esta conciencia es simplemente un observador pasivo. Puede incluso actuar como guía útil, que te hace saber que es perfectamente adecuado dejarte llevar en este momento, permitiéndote disfrutar del proceso en mayor medida.

Cuando las cosas no van necesariamente bien o precisar tal vez más evaluación, esta conciencia disociada te alerta sobre esta situación. Requerirá momentáneamente un estado disociado que te permita ayudar a evaluar la situación.

Esta conciencia te hace saber cuándo están empezando a  ir mal las coas y te ayuda a ajustar  tus acciones antes de involucrarte demasiado. Te impulsará a aplicar las técnicas de este libro y a actuar antes de que te veas arrastrado y no puedas pensar con claridad. Te ofrece la oportunidad de evaluar lo que está sucediendo desde una perspectiva distante y hacer ajustes de acuerdo con la perspectiva más amplia. Esta perspectiva te permite percatarte de si estás o no en sintonía, si progresas en tu comunicación, si te bloqueas, si interactúas de modo constructivo o sufres agravios verbales, o si estás implicado en cualquiera de las demás situaciones que este libro pretendía estudiar. Teniendo esto presente, comprenderás mejor lo que sucede a tu alrededor y lo que quieres hacer al respecto.

Hay una buena oportunidad de que eta descripción te suene familiar, ya que la mayoría de la gente ha tenido experiencias de este tipo. La asociación y la disociación parecen experiencias humanas universales: nuestro monitor externo. A veces este monitor está personificado como un padre o una figura autoritaria, pero el proceso es el mismo. Al darte cuenta de que una conciencia externa es algo natural, puedes ocupar el lugar apropiado como tu propio monitor; y al poner en práctica el proceso con intención consciente puedes desarrollar un patrón habitual para tenerlo en tu disposición. En PNL se hace referencia a esta conciencia externa que personifica como metaposición, aludiendo a la posición perceptiva “externa” a los eventos.

Ahora que has tenido ocasión de leer acerca de la asociación y la disociación y comprenderlas  de una forma consciente, puedes empezar a practicar la conciencia rutinaria de lo que estás haciendo. Cuanto más practiques, más automática se volverá. Sugiero que empieces practicando la asociación y la disociación varias veces al día. Prueba a intensificar los sentimientos que albergas acerca de una situación, luego prueba a atenuarlos. Prueba a ponerte en contacto con tu conciencia externa y considera las situaciones desde esa perspectiva. Hazlo con eventos rutinarios de tu vida y pronto se convertirá en una parte integrada de tu bienestar emocional. Los apartados siguientes incluyen técnicas metódicas que, además de aportarte los beneficios para los que se concibieron, proporcionan una oportunidad para practicar la asociación, la disociación y la conciencia desde perspectivas diferentes.

Patrón de sustitución visual

Los estados emocionales que experimentas de forma regular están bajo tu control. Estás capacitado para sentirte de la manera que quieras en el momento que quieras. Además, tu conducta también está bajo tu control. Tu conducta está vinculada inexorablemente a tus estados emocionales. Algunas personas parecen tener mejor autodisciplina y autocontrol que otras; no obstante, la autodisciplina no es proceso intelectual, que mucha gente se piensa. Para ser precisos, es un proceso de actuación de está en concordancia con un fuerte sentimiento interno. La mayoría de la gente se percata de que somos muy propensos a actuar según cómo nos sentimos. La gente es primero emocional, luego racional.

En el apartado anterior, empezamos a considerar maneras de ajustar nuestros sentimientos. Al asociarte a una situación, puedes sentir emociones más intensas y al disociarte puedes reducir tu respuesta emocional. Además, consideramos unos cuantos ejemplos de cómo inducir las emociones que escojamos. Por ejemplo, cuando hemos hecho el ejercicio en el que recordábamos a alguien que nos atraía sexualmente, seguramente has podido recuperar cierto nivel de excitación sexual. Podríamos haber escogido otra emoción y recuperado también cierto nivel de intensidad.

Si continúas prestando atención a la cadena de sucesos que resultan en una experiencia, empezarás a ver que la conducta de tu vida depende en gran medida de las representaciones internas que puedes crear por ti mismo. Las representaciones internas crean estados emocionales, los estados emocionales crean formas de comportamiento. Cuando la gente intenta cambiar de conducta, le cuesta lograrlo al nivel casual. Intentan cambiar simplemente su conducta sin comprender que la conducta viene provocada por algo que también habría que cambiar. Si calientas un puchero de agua en la cocina, puedes enfriar el agua poniendo hielo en el puchero. Pero si no apagas el fuego, el agua volverá a calentarse otra vez con relativa rapidez.

El siguiente proceso que vamos a analizar es el patrón de sustitución visual de la PNL. Se trata ante todo de un proceso de visualización que dominan mejor aquellas personas que son conscientes de sus capacidades de visualización. El proceso se emplea sobre todo para cambiar directamente algunas conductas, especialmente hábitos. Muchos hábitos son conductas que comienzan de forma inconsciente. Si tienes el hábito de llevarte la mano a la boca cuando vas a hablar, probablemente te encontrarás con la mano ahí antes de que te hayas dado cuenta. De modo similar, si tienes el hábito de criticar a tu cónyuge nada más llegar a casa, lo más probable es que lo hagas sin ninguna planificación previa. Parece que sucede sin más.

Bien, pues no sucede sin más. Tal vez cuentas con algún proceso interno que lo desencadena. ¿De qué otra manera lo harías con al perfección sin ni siguiera intentarlo? El evento se inicia casi siempre mediante un “desencadenante” que a menudo adopta la forma de una representación interna. Lo que quisiéramos identificar y alterar es precisamente este desencadenante. Es la representación interna que te permite conocer que es el momento de poner en acción esa conducta.

He aquí el proceso:

  1. Piensa en un hábito de conducta que se produzca rutinariamente en tu vida: alguno que te gustaría cambiar.
  2. Identifica lo que desencadena ese comportamiento que quieres cambiar. Pregúntate cómo sabes cuándo es el momento de ejecutar esa conducta. ¿Cuál es la señal o advertencia? ¿Qué sucede justo antes de acordarte de desempeñar esa conducta?
  3. Cierra los ojos y crea una visualización interna que represente ese desencadenante (preferido) o esa conducta. Esta es la imagen A (antigua). Una vez hayas creado esa imagen, apártala  un momento.
  4. Cierra los ojos y crea una visualización interna que represente la conducta nueva, deseada. Esta es la imagen N (nueva).
  5. Ajusta las submodalidades de la imagen N para que resulte el máximo de atractiva. Ajusta la luminosidad, el tamaño, la ubicación, la distancia y cualquier cosa que haga excitante esta imagen y la llene de energía motivadora. Si o haces de la manera adecuada, sentirás más energía.
  6. Disóciate de la imagen N, manteniendo una perspectiva desde fuera de la imagen.
  7. Con las imágenes A y N en mente, estás listo para hacer la sustitución visual. Primero lee las siguientes instrucciones todas seguidas antes de seguir el proceso por tu cuenta.
  8. Saca la imagen A y asóciate a la imagen. Entra en ella como si estuvieras de verdad ahí.
  9. En la esquina inferior izquierda de tu campo de visión inserta una imagen pequeña y más oscura de la imagen N. Piensa en ella como si fuera un pequeño fragmento de película.
  10. En un instante, haz que la imagen A se encoja y retroceda lejos, muy lejos, y has que la imagen N se expanda de inmediato para llenar tu campo de visión. Haz el sonido “¡chas!” mientras lo ejecutas (así es más divertido). Hazlo en un instante: la velocidad es fundamental. Si no notas una leve sacudida en la cabeza hacia atrás al hacerlo, ¡no lo has hecho suficientemente deprisa!
  11. Abre los ojos y dirige tu atención hacia otra cosa que no esté relacionada con el ejercicio que acabas de hacer. En PNL, a eso se le llama cambio o ruptura de estado, y es una parte importante del ejercicio. Ponte de pie y cambia de estado físico si fuera necesario.
  12. Repite los pasos 8 al 11 al menos cinco veces, fijándote en que al cabo de unas pocas veces empezará a suceder por sí solo.

Una de las primeras veces que seguí esté procedimiento estaba en el curso de formación de PNL. Decidí ocuparme de un patrón habitual que consistía en que me ponía nervioso en compañía de mujeres. Este nerviosismo me provocaba un comportamiento habitual en mí: evitaba hablar con ellas. Después de ejecutar el patrón de sustitución visual, ese “¡chas!”, hubo una ruptura en las actividades. Puesto que me encontraba en aquellos momentos en un hotel, salí de la sala donde impartían las clases y crucé el vestíbulo, y en el mostrador principal vi a una mujer increíblemente hermosa y elegante, Sin tener ocasión de pensarlo, me encontré iniciando una conversación con ella, de la que disfruté plenamente. Lo más asombroso para mí fue que lo hice sin siquiera pensar en ello. Me sentí impulsado a acercarme a ella.

Este proceso es un maravilloso avance hacia el control interno de tus estados emocionales. Si tienes problemas para controlar tu mal genio, tal vez quieras considerar las situaciones que te ponen furioso. Emplea el proceso en cada caso y observa los resultados que aporta a tu vida. Se aplica también a los patrones habituales de otras emociones negativas, como celos, codicia, miedo, depresión, tristeza, odio, aburrimiento, impotencia, negatividad, pesimismo, y demás. Puedes escoger como primeras situaciones para hacer la prueba esas ocasiones en que aplazas algo en vez de hacerlo, a sabiendas de que va a ser de ayuda. Hazlo ahora.

Materialización

Nuestro comentario nos lleva al tema de la materialización. La materialización es el proceso según el cual creas resultados en tu vida sin perseguirlos conscientemente. Es consecuencia de una conducta inconsciente; los métodos mediante los cuales se logran los resultados están en muchos casos fuera del conocimiento consciente. A menudo tengo la experiencia de pensar en algo y, luego, relativamente pronto, descubro que ese algo ha sucedido.

Hace pocos años decidí que quería vivir en una casa en cierta playa que me gustaba. Además, tenía claros ciertos criterios sobre el tipo de casa que tenía que ser. Por entonces vivía en la isla hawaiana de Oahu y esta playa en concreto tenía sólo unas veinte casas. Oahu cuenta con aproximadamente un millón de habitantes, la mayoría de ellos esperando y rogando por encontrar el mismo tipo d casa que yo quería. De las veinte o veintipocas casas que había en aquella playa, estoy seguro de que sólo unas pocas hubieran satisfecho mis deseos, tal vez una sola.

Dos días antes de la fecha en que se suponía que tenía que mudarme de mi vieja casa, aún no había empezado a buscar un nuevo lugar para vivir. Sabía que la oportunidad adecuada simplemente “llegaría a mí” y depositaba mi confianza en ese proceso. Organicé un mercadillo en un garaje para deshacerme de algunas de mis cosas y una de las personas que se acercó se puso a conversar con mi novia. Dio la casualidad de que sabía de una casa que se adaptaba a la perfección a mis necesidades. Dos días después me trasladé al hogar que resultó ser una casa de ensueño para mí.

Si este tipo de cosas no sucedieran de manera tan rutinaria en mi vida, diría que sólo se trataba de coincidencias. Sin embargo, sí que suceden de forma rutinaria y yo creo firmemente que se debe a mi capacidad para usar conscientemente mis poderes de materialización.

Parece que la materialización tiene que ver ante todo con unas pocas cosas:

  1. Tener un objetivo claro.
  2. Ser congruente con tu deseo de ese resultado.
  3. Creer que vas a obtener ese resultado.
  4. Dar instrucciones a tu mente inconsciente para que lo consiga para ti.

Las tres primeras cuestiones las hemos tratado en detalle en diferentes partes de este libro; no obstante, aún no hemos abordado el punto 4. Para hacerlo necesitamos hablar brevemente sobre las líneas temporales.

En PNL se cree que nuestras representaciones relativas al tiempo, como cualquier otra cosa, se consiguen a través de nuestras submodalidades. Las submodalidades primordiales que parecen estar involucradas son la distancia y el espacio, que incluyen expresiones como algo “dentro” en el futuro, “muy atrás” en el tiempo, “justo delante de nosotros”, “justo encima de nosotros”, y demás. Estas expresiones probablemente son algo más que ideas figurativas y parecen estar más estrechamente relacionadas con las submodalidades reales de distancia y ubicación de nuestras representaciones internas.

Si pides a alguien que señale la dirección de su futuro, comprenderá la cuestión y señalará una dirección (a menudo delante de él o a la derecha). Si le pides que indique la dirección de su pasado, también señalará una dirección (a menudo detrás de él o a su izquierda). Cuando estas dos direcciones se combinan para formar una línea metafórica, tenemos una línea temporal.

Si representas tu línea temporal personal como una ser de imágenes internas organizadas a lo largo de una línea (yo prefiero representarla como imágenes planas amontonadas unas al lado de otras, con tal proximidad que formen una corriente continua de “sucesos” en mi vida), entonces dispones de la habilidad de “sacar” ciertos sucesos de tu futuro y determinar qué son.

Como ejemplo rápido, imagina tu línea temporal, adelántate dos años en el futuro y saca un suceso de tu vida. Fíjate en qué suceso es y cómo es tu vida en ese momento. Cuando has esto, probablemente te harás una idea de qué dirección estas tomando inconscientemente en tu vida.

La materialización es en parte un proceso mediante el cual dices de manera inconsciente a tu mente lo que quieres que suceda en tu vida. Inconscientemente, emprenderás la labor de alcanzar un futuro dado; no obstante, dispones del potencial para determinar conscientemente lo que va a ser ese futuro. Los procesos de una línea temporal más extensa te pueden ayudar a crear procesos inconscientes de materialización. Por el momento, analicemos algo que puedes hacer ahora mismo y que puede tener efectos inmediatos en tu vida.

El proceso que voy a describir es un proceso sencillo que empleo en la vida cotidiana, normalmente en el acto. Sólo precisa un instante. Requiere que seas consciente de tus representaciones internas y que estés atento a las representaciones internas que haces de forma más casual y que no están en concordancia con lo que quieres en la vida.

Mientras pienses para tus adentros o escuches a otras personas, te percatarás de que tus representaciones internas no siempre son representaciones de como te gustaría que fuera el mundo. Si hablas con alguien en el trabajo y te dice que la noción de moralidad va a empeorar en las dos próximas semanas, probablemente lo que vas a conseguir es una representación interna de eso. Te imaginarás una cierta área del trabajo con la gente formando corros quejándose o podrías imaginarte a ti mismo sentado en tu despacho y sintiéndote hecho polvo. Formarás tu representación interna y lo más probable es que formes una que represente la moralidad empeorada. Igual que cuando creabas representaciones internas del árbol azul, tu proceso de pensamiento y escucha te encaminará hacia la representación interna sugerida.

Pero cuando, en tu interior eres consciente de lo que estás haciendo, puedes evaluar si quieres o no crear este tipo de representación interna. Es más fácil que veas un futuro donde la moralidad mejore y la gente disfrute en el trabajo. Evoca una representación interna diferente y una serie diferente de palabras con que describirlo.

La materialización queda reforzada cuando te permites a ti mismo reemplazar las representaciones internas negativas por representaciones internas positivas. Si te sientes incitado a crear espontáneamente una representación interna negativa, puedes volver a crear de inmediato una representación interna positiva y reemplazar la negativa al instante. Emplear una versión rápida del patrón de sustitución visual es una forma excelente de hacer el cambio. Introduce la nueva representación interna en tu línea temporal, en el lugar apropiado en el futuro, y continúa con la conversación.

Puedes iniciar este proceso de reemplazo de una manera visual o con  conductas digitales auditiva (diálogo interno). Cuando alguien dice: “Las cosas se están poniendo feas aquí”, puedes volver a expresarlo verbalmente dentro de tu cabeza o en la conversación respondiendo: “Sí, las cosas están yendo de maravillas ahora mismo”.

Algunas técnicas de crecimiento personal te estimulan a responder a sugerencias negativas diciendo: “Cancelar, cancelar”. Aunque pueda ser un gran primer paso, una ampliación de este proceso es sustituir la frase o la representación interna por otra expresión de tu preferencia.

Yo empleo estos procesos de forma rutinaria, y puedo decirte que surgen prácticamente de inmediato en mi cabeza. Nunca me pierdo un paso en la conversación. La ventaja es que mi cerebro queda invadido constantemente de imágenes e ideas sobre cómo quiero que sean las cosas de mi vida. Estas imágenes se colocan constantemente en mi línea temporal, en los lugares en que quiero que sucedan. Una y otra vez, mi mente inconsciente obtiene instrucciones a cerca de hacia dónde quiero que vaya mi vida. Creo que el resultado directo es un número asombroso de materializaciones que suceden sin esfuerzo aparente por mi parte.

La materialización es un proceso inconsciente de interacción en el mundo de acuerdo con ciertos objetivos y resultados. Cuando estos objetivos y resultados se creen de forma consciente, verás los efectos de la manifestación. Verás que tus pensamientos se manifiestan en el mundo real.

La materialización simplemente es otra afirmación de que tu vida es consecuencia de la acción y la inacción (que, de nuevo, es la actitud mental de responsabilidad). La materialización demuestra que el pensamiento interno puede transformarse en una forma externa.

Trucos sencillos para aumentar tu materialización consciente.

  • Ten continuamente presente lo que te dices a ti mismo y lo que visualizas.
  • Cuando oyes o dices algo que crea representaciones internas negativas (representaciones internas que describan cosas que preferirías no experimentar en tu vida), rápidamente vuelve a expresarlas o a reencuadrarlas internamente y también en voz alta.
  • Cuando seas consciente de una visualización interna que describe algo que preferirías no experimentar en tu vida, practica una sustitución visual o reemplázalo con una que te gustaría experimentar.
  • Habitúate a introducir visualizaciones positivas en la sección apropiada de tu línea temporal. Permite que tu línea temporal haga los ajustes necesarios para incorporar esa visualización.
  • Complementa las palabras “cancelar, cancelar” con una nueva expresión del resultado deseado, empleando “noes” tácticos cuando sea conveniente.
  • Conoce tu objetivo y sé consecuente con los resultados. Si tu inconsciente continúa recibiendo el mismo mensaje, la manifestación es mucho más fácil y más predecible.
  • Comprende que incluso la materialización de sucesos negativos sigue este principio e investiga que representación estabas creando que contribuía a la materialización de sucesos negativos.
  • Diviértete con esto. Es fácil, rápido y deleitable. Te sentirás mejor cuando tu mente se vea inundada continuamente de estímulos positivos, agradables, deleitables y revitalizantes.

Anclajes.

Yo solía trabajar par un hombre que no podía evitar contestar al teléfono. Era un hombre muy ocupado y a menudo tenía cinco o seis personas esperando fuera y dentro de su despacho. La gente hacía cola y espera su turno, algunos más de una hora.

Un día, torcí por un pasillo para entrar en su oficina y vi una larga cola de gente que esperaba para hablar con él. En medio de una de sus conversaciones sonó el teléfono. Su atención se precipitó hacia el teléfono y era evidente que estaba intentando dejarlo sonar. Pero no podía reprimirse. Tras una lucha momentánea, interrumpió su charla y contestó al teléfono. Se ocupó de la llamada y luego volvió a atender a la gente que tenía en la oficina.

Por supuesto, opté por no esperar en la cola. Sólo tuve que regresar a mi despacho y llamarle por teléfono. Igual que el fiel perro de Paulov, mi jefe esta anclado a la llamada del teléfono.

Ya hemos hablado un poco sobre las anclas. Sabemos que son respuestas condicionadas a estímulos específicos. Sabemos que pueden contribuir de manera importante a nuestros estados emocionales. Sabemos que se entienden así hace años. No obstante, mucha gente no sabe con exactitud cómo aplicar su conocimiento en las anclas de forma práctica.

Casi en todas las sesiones de formación de PNL te hablarán de anclaje. Te enseñaran que puedes anclar a otras personas o puedes anclarte a ti mismo. Hay dos enfoques claramente diferentes para obtener resultados asimismo diferentes.

He conocido mucha gente que intenta aplicar anclajes a su propia vida. Muchos serán partidarios de un planteamiento frente al otro y preferirán emplear los anclajes con otros o bien emplear los procesos de anclaje consigo mismos. Cuando anclas a otros a situaciones reales, disimuladamente amarras uno de los estados emocionales de esa persona a un estímulo y posteriormente empleas ese estímulo para ayudar a dirigir las emociones futuras de esa persona a un estado deseado en el momento oportuno. Esos estímulos pueden emplearse sin que la persona lo sepa y pueden afectar a sus estados emocionales sin su permiso. Por mi experiencia particular, quienes dedican su atención y energía a intentar anclar a otras personas al principio de su formación de PNL, no suelen ser efectivos. Si no tienes del todo claras tus intenciones y tus procesos, loas tentativas de anclar a otros tal vez se perciban como manipulación negativa. La novedad del proceso tienta a los principiantes a emplearlo como triquiñuela y astucia, Los principiantes se encuentran con que, en vez de contribuir a inspirar la comunicación ganador-ganador, sus tentativas de anclar a otras personas a menudo consiguen justamente lo contrario.

Quienes optan por centrarse en los procesos de anclaje dirigidos a uno mismo obtienen resultados muy diferentes. En el anclaje dirigido a uno mismo, empleas procesos específicos de respuesta a estímulos con intención de cambiar tus respuestas naturales, emocionales, a las circunstancias en el mundo real. Si te impacientas cada vez que tu hijo te hace una pregunta, podrías intentar “reprogramarte” para disfrutar de más opciones emocionales en esa situación. Cuando los principiantes dirigen primero su atención hacia sí mismos, a menudo descubren que sus cambios personales tienen un efecto significativo sobre el entorno en que viven. El mundo parece cambiar como resultado de sus cambios personales e internos. En todos tus procesos de comunicación y persuasión, siempre se cumple una cosa: obtendrás los resultados más consistentes y significativos en el mundo externo cuando primero hagas los ajustes necesarios en tu mundo interior. Con esto en mente, centremos nuestra discusión en el proceso de autoanclaje.

El proceso de autoanclaje descrito en este apartado puede ayudarte a adquirir opciones y libertad emocional. Te puede ayudar a desarrollar un método que te permitirá tomar pleno control y plena responsabilidad sobre tus estados y tu bienestar emocionales. Este proceso contribuye a facilitarle las técnicas para responder con recursos a situaciones de tu vida.

Los procesos de anclaje que estamos a punto de tratar implican el uso intencionado de estímulos y estados emocionales para conseguir una mayor opción emocional. Cuando consigas buenos resultados, contarás con más opciones emocionales en tu vida en situaciones que previamente te limitaban. Si te pones nervioso cada vez que tu cónyuge está fuera de casa después de las nueve de la noche, puedes optar por una respuesta emocional diferente, que tal vez te proporcione cierta paz mental.

No se trata de un proceso de control de tus emociones; se trata de disponer de opciones emocionales. Te concedes a ti mismo la capacidad de responder a los estímulos del mundo de una forma útil, ingeniosa.

Permíteme compartir contigo una experiencia personal. Hace muchos años me encontraba trabajando en un entorno industrial. Un día, a eso de las nueve y media de la mañana, la secretaria de mi jefe me localizó en la planta y me dijo que quería verme. Pocos minutos después, me encontraba en su despacho recibiendo un rapapolvo por algo (no recuerdo qué era; sólo recuerdo la experiencia). Era poco habitual para mí recibir una bronca y me cogió por sorpresa. Mientras sucedía, podía sentir la rabia que empezaba a cobrar impulso dentro de mí. Era lo único que podía hacer para no ponerme a dar golpes a diestro y siniestro. Estaba allí sentado, con apariencia muy controlada, sin decir una palabra hasta que finalmente pude marcharme. Apenas podía contenerme y me sentía a punto de explotar en cualquier momento.

Aquella noche, antes de acostarme, empleé el proceso de colapso de anclas que vamos a tratar a continuación. Opté por ocultar estos sentimientos de enojo bajo algunos sentimientos más deseables. Opté por la felicidad, la risa y la diversión. Era un pequeño proceso sencillo, aunque no sabía si de verdad iba a funcionar y ser de ayuda pero, qué diantres, ¿no?

Quiso la buena suerte (y fue buena suerte para mí) que al día siguiente, hacia las nueve y media<

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