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Nos encanta accionar contra nuestros propios objetivos

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Nos encanta accionar contra nuestros propios objetivos

 

         Nos encanta accionar contra nuestros propios objetivos

“Solo dos cosas son infinitas, el universo y la estupidez humana, y no estoy tan seguro de la primera”.

Albert Einstein[1]

 

Frecuentemente oímos la palabra “estrategia”, de boca de algún encumbrado personaje.

El concepto de “estrategia” suele considerarse algo “sofisticado”, y parte de la jerga reservada a altos empresarios, dirigentes políticos o militares.

Sin embargo se trata de un concepto extremadamente simple, que todos conocemos y aplicamos en nuestro día a día.

“Estrategia” es simplemente “la forma en que pensamos lograr nuestros objetivos”.

Por lo tanto, solo podemos “tener una estrategia”, o “ser estratégicos”, si tenemos claros objetivos prefijados.

Por ejemplo, si usted se propone “viajar a París”, y luego decide hacerlo “por mar”, entonces su objetivo es “llegar a París” y su estrategia es “viajar en barco”.

Tan simple como esto.

Si su objetivo es “comprar lechuga”, y las opciones posibles son “ir al supermercado” o “a la verdulería”, entonces esas son justamente sus dos “alternativas estratégicas”. Si decide finalmente comprar en la verdulería, entonces esa será la estrategia seleccionada.

  • Objetivo: “obtener verdura”
  • Estrategia: “en la verdulería”

El objetivo es el “QUE”, mientras la estrategia es el “COMO”.

Nada complicado.

Si, una vez fijado el objetivo, todas nuestras acciones van en línea con él, es decir, son acciones que aportan a la concreción del objetivo fijado, entonces podremos decir que estamos desarrollando un accionar correcto, adecuado, efectivo, inteligente, estratégico.

Caso contrario, podríamos hablar de un accionar no inteligente, no estratégico, no efectivo.

 

  1. Figura: Accionar inteligente versus inútil

En realidad también podemos hablar de un accionar “semi-inteligente”, cuando el objetivo se concreta, pero por un camino más largo que el estrictamente necesario.

En la figura se representan los tres casos, gráficamente.

Tal vez usted está en este momento pensando que la gente en general realiza solo acciones en línea con sus objetivos.

Y que nunca realiza acciones en contra de sus propios objetivos.

Usted piensa que somos inteligentes.

Lamento informarle que esto no es tan así.

Piense de nuevo.

¿Vio alguna vez a un gerente que quiere que sus empleados atiendan bien a los clientes, pero que a la vez les grita todo el día, al punto de ponerlos tan nerviosos que la buena atención y los buenos modales se les vuelven algo psicológicamente  imposible?

¿Vio alguna vez a un empleado que ansía un aumento salarial, pero que a la vez critica a su jefe abiertamente, en forma acérrima, frente a otros empleados, en cuanta oportunidad se le presenta, haciéndose así odiar por la misma persona que debería poner su firma para aprobar el aumento deseado?

¿Vio alguna vez a un padre que quiere que su hijo crezca y se vuelva un adulto inteligente y feliz, pero que a la vez no pierde oportunidad de decirle “¡no ves que eres siempre el mismo inútil!”?

¿Vio alguna vez a un hijo que, en el fondo, quiere tener una mejor relación con su padre, pero que a la vez se pasa el día peleando con él por tonterías y criticándolo?

¿Vio alguna vez a un empleado que quiere lograr un ascenso en su trabajo, pero que a la vez se pasa todo el día perdiendo el tiempo, generando conflictos, protestando y quejándose de su jefe y de la empresa, frente a todo el mundo?

¿Vio alguna vez a un hombre que quiere cuidar su salud y vivir muchos años, pero que se trenza en una peligrosa pelea callejera por una tonta discusión?

¿Vio alguna vez a una mujer que quiere ser hermosa, tener una piel rozagante, un pelo sedoso y una voz dulce, pero que a la vez se arruga como una pasa de uva al sol o en la cama solar, y se intoxica fumando y tomando café todo el día?

¿Vio alguna vez a una madre que quiere lo mejor para su hijo, pero que le propina un sonoro cachete y lo hace llorar tan solo por una pequeña travesura?

¿Vio alguna vez a alguna maestra de colegio primario que en el fondo quiere enseñar pero que a la vez no pierde oportunidad de humillar a sus pequeños alumnos frente a los demás?

¿Vio alguna vez a una persona que se queja de que nadie lo ayuda o le presta atención, mientras al mismo tiempo critica y agrede a cuanta persona se le acerca?

Son todos casos de gente que quiere ir al “norte”, pero corre descontroladamente hacia el “sur”. ¡Y luego se pregunta porque tarda tanto en llegar a su destino!

Todos son casos de “accion no inteligente”.

Todos son casos de comunicación en contra de los propios objetivos.

Yo he tenido oportunidad de verlos a todos.

Cara a cara. Se lo puedo jurar.

Muchas veces. En muchas empresas. En muchos hogares.

Solo observe con cuidado, y también los verá.

Si es que no los ha notado ya.

Gente que quiere sentirse bien, pero que se martilla insistentemente el dedo gordo del pie. Y después se pregunta porqué le duele.

O como decía un amigo, gente que “escupe hacia arriba[2]”.

¿Y usted que cree?

¿Está accionando inteligentemente?

¿O está navegando a la deriva?

¿Tiene objetivos definidos?

Y su comunicación, ¿aporta a la concreción de sus objetivos?

¿O la dificulta?

¿Está realizando acciones a favor de sus propios objetivos?

¿O usted mismo está conspirando contra ellos?

¿Quiere vivir con salud pero se está clavando un cuchillo en el corazón?

¿Quiere tener amigos pero le está gritando a todo el mundo?

¿Quiere que lo quieran pero critica a todos a mansalva?

¿Quiere que la gente se acerque a usted pero está todo el tiempo quejándose de todo?

¿Quiere acercarse más a sus hijos pero no hace más que denostar todas sus decisiones, sus acciones, sus hábitos y sus relaciones?

Ya lo veremos.

 


[1] Físico nacido en Alemania (1879-1955), quien desarrollo la teoría de la relatividad y recibió el Premio Nobel de Física en 1921

[2] “Escupir hacia arriba”, expresión que en Argentina significa “auto-perjudicarse”

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