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La Autoestima

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La gran verdad es que vuestra auto-estima no depende de los demás, sino de la conciencia que tienes sobre ti mismo. Es decir, la auto-estima depende del conocimiento que tengas sobre ti.

Este conocimiento abarca los sentimientos, los deseos, los pensamientos y las aptitudes que tienes ante ti mismo y ante la vida; abarca el aprender a no rechazar tu propia experiencia; abarca el no mantener contigo mismo una relación basada en la rivalidad; abarca la auto-expresión en la acción, es decir, la auto-afirmación.

Vivir con auto-estima es lo mismo que vivir conscientemente. Vivir conscientemente es la base de la auto-confianza y del auto-respeto.

Los seres humanos utilizamos la inteligencia de manera automática.

No ocurre lo mismo con la conciencia.

 La conciencia es una elección, una decisión que tomamos en cada momento de nuestra vida. Decidimos ver o estar a oscuras, decidimos ampliar nuestra conciencia o reducirla, decidimos vivir conscientemente o vivir inconscientemente. Decidimos conocer o vivir en el desconocimiento. Decidimos ser leales a la verdad o vivir en la mentira. Decidimos ser independientes o vivir en la dependencia. Decidimos asumir riesgos o vivir en la comodidad. Decidimos ser honestos o vivir deshonestamente. Decidimos estar en la plenitud del presente o vivir en un mundo de fantasías. Decidimos aprender de nuestros errores o vivir en el fracaso. Se trata de pequeñas decisiones que vamos tomando constantemente, minuto a minuto, a lo largo de nuestra existencia.

La auto-estima es el grado de reputación que conseguimos sobre nosotros mismos, independientemente de la idea que los demás puedan tener sobre nosotros.

Puedo engañar a los demás, pero es más difícil engañarme a mi mismo. Minuto a minuto decido sobre la conciencia de mi mismo, y minuto a minuto voy creando una idea que va arraigando sobre mi identidad. Vivir conscientemente significa tener conciencia de todo lo que me afecta, mis conductas y mis acciones, mis sentimientos y emociones, mis valores y metas. Vivir conscientemente es saber que lo que hago es consecuencia de mis decisiones y que me hago responsable de sus consecuencias.

 

Muchos de vosotros tenéis sentimientos inconscientes de inseguridad, inutilidad, culpa y miedo. Dudáis sobre vuestras capacidades y de estar equivocados como personas. Creéis que no tenéis derecho a la felicidad ni posibilidades de crecer como personas. Pero la auto-estima no es un todo o un nada.

La auto-estima es cuestión de grados. Yo no conozco a nadie que no tenga un mínimo de auto-estima, una base sobre la que crear el inicio de una auto-estima alta.

Puedo sentirme amado por mi familia y, sin embargo, tener una baja auto-estima. Puedo ser muy competente en mi trabajo y ser apreciado profesionalmente y tener, sin embargo, una auto-estima baja. Puedo tener éxito en el amor o en los negocios y tener, sin embargo, una auto-estima por los suelos. Porque la auto-estima no tiene nada que ver con la realidad, sino con la auto-conciencia sobre mi mismo.

Mi vida puede ser magnífica en todos los aspectos y aún así considerarme desgraciado.

Porque si la auto-estima es tener la conciencia de ser apto para la vida, de tener la capacidad para enfrentarme a todos los desafíos de la vida, de saber que puedo confiar en mi mismo, nadie puede generar esa experiencia, excepto yo mismo.

La auto-estima no la crea el aplauso de los demás, ni  ser buena o mala persona, ni tener muchas capacidades, ni ganar mucho o poco dinero. La auto-estima no está fuera de nosotros, no es posible generar una auto-estima alta esperando que sean los demás quienes nos la proporcionen.

La auto-estima no es competitiva, no es comparable con cosas exteriores. La auto-estima es un estado de conciencia interno.

Mientras siga pensando que tendré la auto-estima alta cuando consiga un mejor puesto de trabajo, o cuando se me considere como un buen marido, o cuando consiga comprarme un auto más potente, o cuando sea más considerado por los demás, mientras siga pensando eso, mi auto-estima seguirá estando baja, porque no depende de mis logros exteriores, sino de la conciencia interior sobre mi  mismo.

  

La auto-estima es una experiencia de auto-conciencia que no tiene nada que ver con los demás.

 

Pensar que son los demás los que crean  mi nivel de auto-estima es engañarme y engañar.

 

La auto-estima es la conciencia de que puedo disfrutar de la vida, de que soy capaz de responder de forma positiva y activa a todas las oportunidades que se me presentan.

 

Es la conciencia de que puedo amar a los demás, porque me amo a mi mismo, de que el amor  reside en lo más profundo de mi propia identidad.

 

¿Y qué ocurre cuando actuamos en contra de nuestros propios convencimientos? Cuando actuamos en contra de nuestros propios principios estamos atentando contra nuestra propia integridad personal.

¿Qué es la integridad personal? Es la integración de nuestro entorno, de nuestras conductas, capacidades, creencias y valores en un todo coherente. Cuando nuestra conducta y nuestros valores están alineados de forma coherente, entonces decimos que tenemos un sentido de integridad personal. El sentido de la integridad personal nos da seguridad en nosotros mismos y aumenta nuestra autoestima. Cuando no están alineados, entonces estamos poniendo en dificultades nuestra autoconciencia y perdemos el respeto por nosotros mismos.

Es difícil comprender las conductas de un ser humano mientras no comprendemos en profundidad que esas conductas tienen algún sentido para ese ser humano. Si no conocemos el contexto, su mundo interior, sus sentimientos, sus valores, nos perdemos su modelo del mundo, oculto tras su conducta. La conducta no es la persona. Yo quiero que me quieran por mi identidad, no por mis conductas, porque a veces me equivoco en mis conductas. Tampoco quiero que me quieran por mis capacidades, ni por mis creencias o por mis valores. Si yo tuviera otras capacidades, otras creencias u otros valores, yo seguiría siendo la misma persona.

Es muy importante diferenciar la identidad de las conductas. Si soy capaz de distinguir de forma compasiva y comprensiva que mis conductas no representan mi identidad (aún sabiendo que algunas de mis conductas están equivocadas), si consigo ser para mi mismo un buen amigo al que puedo perdonar muchas equivocaciones y al que puedo comprender incluso cuando su conducta no es la que yo hubiera deseado en él, entonces podré establecer conmigo mismo un pacto por el que podré sentir remordimientos por mis decisiones equivocadas, pero no auto-condena ni culpabilidad. También podré mejorar mis conductas futuras, cambiar mis decisiones en el futuro. De esta manera podré analizar cuáles fueron los sentimientos y motivos que me hicieron actuar de esa forma equivocada y poner en marcha nuevas decisiones a partir de ahora.

 

Cuando un ser humano actúa, lo hace siempre con la intención de sobrevivir, de satisfacer sus necesidades, de protegerse, de huir del miedo o del dolor, de mantener el equilibrio.

 

A veces nos equivocamos y las consecuencias son peores que la enfermedad.

 

Podemos culpabilizarnos. O podemos aprender de la experiencia.

 

Esto no significa que no acepte mi responsabilidad. Si aprendo de la experiencia y acepto mi responsabilidad, podré reconocer mi error, podré reparar el daño causado a mi mismo o a los demás, podré auto-perdonarme y, como consecuencia, podré cambiar mi conducta en el futuro.

Sólo si analizo las razones por las que he obrado así, podré evitar volver a caer en el mismo error en el futuro.

 

Si aprendo a comprenderme y a perdonarme, mi conducta será mejor a partir de ahora.

 

La culpa y la compasión no se llevan bien.

 

Sentirnos culpables no es una virtud, todo lo contrario, culpabilizarnos nos bloquea y nos impide cambiar.

 

Sentirnos culpables es muy fácil.

 

Tener compasión con nosotros mismos es más difícil.

La compasión nos hace liberarnos de la culpa.

La culpa nace del dolor, del sufrimiento, mientras que la compasión nace del amor, de la felicidad.

Las personas que tienen compasión consigo mismas (y también con las demás personas) también se equivocan en sus conductas, también se lamentan de haberse equivocado, también se arrepienten por lo que han hecho, pero a diferencia de quienes se culpabilizan, emprenden conductas correctivas y aprenden de sus equivocaciones.

 

A partir de ese momento evitan caer en los modelos equivocados.

Sabemos que tenemos que aprender de nuestras equivocaciones.

 

Sabemos que quien se arriesga mucho se equivoca mucho.

 

Sabemos que las equivocaciones son la base del crecimiento.

 

Pero no sabemos cómo hacer para ser conscientes de este aprendizaje.

La única manera de aprender de nuestros errores es integrarnos en el proceso.

Este proceso es poderoso, porque activa el crecimiento y el cambio.

 

Quienes se culpabilizan caen en el inmovilismo.
Muchas veces dañamos nuestra autoestima debido a que generalizamos sobre nosotros mismos.

 

Al confundir conducta con identidad la autoestima se siente herida

 

La autoestima es uno de los aspectos más importantes para el ser humano porque es la base fundamental de la supervivencia, del crecimiento, de la madurez.

 

Una autoestima alta es como un regenerador de la conciencia que nos permite enfrentarnos a las vicisitudes de la vida y crecer psicológicamente ante la adversidad.

 

Con la autoestima alta los problemas que se van presentando se resuelven de forma adecuada porque nos dan fortaleza y energía.

 

Una autoestima baja es como si fallara nuestro sistema inmunológico mental y eso permitiera, ante cualquier cambio, ante cualquier problema, la invasión descontrolada de elementos exteriores a nosotros.

 

La autoestima es contagiosa.

 

Hace poco alguien me dijo que, "los sapos van con las sapas y los príncipes con las princesas".

 

 "Dios los cría y ellos se juntan", dice el refrán popular. Es cierto.

Nos sentimos mucho mejor, más cómodos, más confortables cuando nos relacionamos con personas que tienen el mismo nivel de autoestima que nosotros.

Las personas con la autoestima alta tienden a relacionarse con otras personas con su mismo nivel de autoestima. Las personas con la autoestima baja se sienten atraídos por personas con la autoestima baja.

 

Dos personas con la autoestima alta, (o un grupo u organización con miembros con la autoestima alta), se relacionarán con un alto grado de compresión, de conciencia, de respeto, de dignidad, con una orientación hacia el desarrollo mutuo, con entusiasmo por las metas personales y comunes, con sentido de la cooperación, con franqueza y autenticidad...

 

Cuando somos auténticos, "es como un gran regalo que hacemos a las personas con las que nos relacionamos".

 

Dos personas con la autoestima baja, (o un grupo u organización con miembros con la autoestima baja), se relacionarán basándose en la mentira, en la susceptibilidad, en el resquemor, en la duda, en la amenaza, en la inconsciencia, en la falta de respeto, en la carencia de dignidad, en la agresividad, en el desprecio por los sentimientos y necesidades propias y ajenas.

 

Relaciones desastrosas que les confirmarán que el mundo es un infierno en el que nos vemos obligados a vivir.

 

La autoestima no es lo que otros piensan o sienten sobre nosotros.

 

La autoestima es siempre una experiencia personal que se encuentra en lo más profundo de nosotros mismos.

 

Es la reputación que tenemos sobre nosotros mismos.

 

Los demás no tienen nada que ver con cómo yo me percibo a mi mismo.

 

"Y como es algo íntimo, privado, es en nuestro interior, en donde tenemos que trabajar la autoestima".

 

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Comentarios La Autoestima

espero mas imformacion ami correo les agradesco gracias
luis alberto luis alberto 19/08/2010 a las 02:27

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