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Supervivencia, Emociones y Abstracciones

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 "Conceptos básicos sobre la evolución del complejo reptiliano, el sistema límbico, y el neo córtex, en el cerebro humano."

A menudo se habla de neurociencias y psiquiatría con una serie de ideas preconcebidas de lo que son y que toman forma a partir de la omnipresencia de estas dos disciplinas en la cultura popular. Los amigos, los taxistas, los directores de empresas, los maestros, los ministros, los entrenadores, deportistas y........ A menudo se sienten cualificados para ofrecer información o consejo acerca de cómo "manejar" los problemas del sistema nervioso y de la mente humana, aunque no sean capaces ni de hacer distinciones tan fundamentales como la diferencia entre psiquiatría y psicología.

El concepto más específico de psiquiatría deportiva complica aún más las cosas. Por lo general el termino psiquiatría evoca un popurrí de asociaciones cinematográficas tales como: el diván de Sigmund Freud, a Jack Nicholson recibiendo terapia electro convulsiva en la Alguien Voló Sobre el Nido del Cuco, o a Kevin Spacey manifestando un grave trastorno disociativo en K-Pax. Estas imágenes y asociaciones tienden a cubrir la psiquiatría con un aura de vaguedad, imprecisión, confusión, y misterio.

Es una pena que esos prejuicios estén tan extendidos, pero afortunadamente la mayoría de ellos están de hecho diametralmente equivocados. Las viejas ideas no mueren fácilmente, y por lo tanto, se tiende a estigmatizar o a entender mal los problemas y las enfermedades mentales. De hecho, la mayoría de las personas no tienen problema alguno en admitir que han sufrido un esguince de tobillo o bien una infección ocular, por mencionar solo dos. Pero casi nadie está dispuesto a admitir que quizás su cabeza y su mente no estén funcionando todo lo bien que deberían. Esto es lo que quiero decir con el término "estigma."

Muchos legos siguen viendo a la psiquiatría como una forma de medicina filosófica, del alma, o de la mente. Este malentendido también se ha visto favorecido por la controversia acerca de la relación que existe entre el cuerpo y la mente. La existencia del espíritu o del alma es fundamentalmente un asunto filosófico o religioso, y no científico o médico. Una cosa es la fe y otra es la ciencia. Simplemente no hay forma de probar o de negar la existencia del alma y la continuidad de esta después de la muerte. Esto es un asunto de fe, no de ciencia.

Cabe aclarar que por "ciencia" entendemos la capacidad para formular hipótesis científicas legítimas, donde su legitimidad lógica se encuentra subordinada a la demostración experimental, que presupone posible; por "filosofía" entendemos la capacidad para formular hipótesis legitimas acerca de la infinidad de problemas que exceden la experiencia humana, y donde la demostración experimental no se presupone posible. Y finalmente por "fe" entendemos una creencia volitiva y electiva que no requiere la existencia de una hipótesis lógicamente legítima ni presupone la posibilidad de una demostración experimental.

Está claro que, al nivel científico, lo que solemos denominar "mente" es simplemente la suma de diversos acontecimientos eléctricos y químicos que se dan en el cerebro. De este modo, la mente corresponde a la principal función orgánica del cerebro. Manifestándose en la capacidad para procesar señales procedentes del medio ambiente, del propio cuerpo, y de experiencias pasadas. Esta información sirve para guiar nuestro comportamiento adaptativo.

Pensar, creer, recordar, sentir, degustar, y todas las demás funciones cognitivas, sensoriales, y de conducta que experimentan los seres humanos están determinadas fundamentalmente en el nivel molecular, dentro de un contexto de redes neuronales. Estos acontecimientos no tienen una existencia independiente de las influencias del entorno sino que más bien reaccionan influidos por ellas a modo interactivo. Así los fenómenos mentales a los que se suelen llamar mente, pueden y deben ser comprendidos dentro del cerebro cómo procedentes de una estructura biológica que está viva.

Cómo la biología no se puede comprender en ausencia de los efectos de un proceso evolutivo, a continuación se detallan algunos elementos básicos de la configuración y función biológica de nuestros cerebros. La comprensión de tales elementos permite una concepción más clara sobre como nuestro cerebro llegó a ser lo que es. Solo el entendimiento y la comprensión de nuestro pasado nos pueden ayudar a entender nuestra situación actual.

La evolución es un diseñador caprichoso, y constituye una historia llena de inicios, retrocesos, compromisos, y callejones sin salida. Estamos acostumbrados a pensar en estas adaptaciones como algo gradual y progresivo pero la evidencia contradice esta impresión. Más que una serie de transiciones suaves, el proceso evolutivo está salpicado de estallidos que han provocado grandes cambios.

El desarrollo del cerebro humano no fue algo planeado, ni ejecutado a la perfección. Simplemente sucedió, y esta realidad anula cualquier expectativa razonable sobre la configuración del cerebro. El sentido común sugiere que el cerebro humano podría ser unitario y armonioso. Pero todo indica que nuestro cerebro definitivamente no lo es.

De hecho el cerebro humano está formado por tres sus cerebros diferenciados y delimitados entre sí, y cada uno de ellos es producto de un momento distinto de nuestra historia evolutiva. El trío se entremezcla y comunica mediante idiomas neurales diferentes, pero inevitablemente en la traducción se pierden, o distorsionan datos. Esto es debido a que la anatomía, la función, incluso la bioquímica de las subunidades constituyentes difieren entre sí. Este hallazgo en forma de cerebro "tres en uno" nos puede ayudar a explicar ciertas confusiones, imprecisiones, discrepancias, incongruencias, y anarquías en su funcionamiento.

A nuestro cerebro más antiguo se le conoce como el cerebro reptiliano y apareció hace aproximadamente 400 millones de años.

Consiste en una formación bulbosa de la parte superior de la medula espinal, cuya aparición se remonta a 500 millones de años, y que alberga centros vitales de control como la respiración, la deglución, el latido del corazón, el centro de alarma, así como también el sistema de rastreo visual del que depende, por ejemplo, un medio campista de futbol para elaborar una jugada efectiva y rápida. El centro de alarma posee la capacidad de hacernos reaccionar repentinamente a un movimiento, una amenaza, o un ruido brusco. Esta es la razón principal de que los animales tengan un cerebro reptiliano, para sobrevivir.

El cerebro reptiliano, impregnado de fisiología de adaptación y supervivencia, es el que continua funcionando en una persona que esta cerebralmente muerta. En caso de morir también el cerebro reptiliano, el resto del cuerpo lo seguirá, ya que los otros dos cerebros son menos esenciales para mantener la vida.

Quedaríamos decepcionados si esperamos que el antiguo y primitivo cerebro reptiliano tenga un papel importante en la estructura y el funcionamiento de la mente emocional de los humanos. Los reptiles no tienen vida emocional alguna. El cerebro reptiliano permite interacciones simples y rudimentarias como la agresividad, la defensa territorial, el cortejo, la ingesta alimenticia, y el apareamiento. Algunos reptiles atacan y rechazan a los intrusos de la zona que han reclamado como suya, al igual que los humanos. A pesar del paso del tiempo y por más evolucionados que nos consideremos, estos principios básicos y sus correspondientes huidas y batallas aún están en vigor en nuestras vidas cotidianas. En tales casos estamos siendo testigos, en parte, de un producto del cerebro reptiliano, con motivaciones y acciones más adecuadas a las vidas de los fríos, solitarios, y desalmados carnívoros asociales para los que inicialmente fue diseñado.

El segundo cerebro de la humanidad se denomina cerebro límbico. Este cerebro evoluciono hace aproximadamente 300 millones de años con la aparición de los primeros mamíferos en tiempos posteriores al cerebro reptiliano. El cerebro límbico envuelve al cerebro reptiliano con sus múltiples estructuras y corresponde a una serie de estructuras subcorticales que gobiernan la emoción. Dentro de sus suaves curvas se esconde toda una serie de estructuras con apelativos que suenan como un trabalenguas o bien el conjuro de un prestidigitador: hipocampo, amígdala, fornix, septum, comisura anterior, giro angular, regiones perirrinal y perihipocampal, por mencionar solo algunas.

La gran diferencia evolutiva de los mamíferos fue la de gestar a sus hijos dentro de un cuerpo de sangre caliente en lugar de expulsarlos dentro de huevos al exterior como hacían los fríos reptiles. Aproximadamente sesenta y cinco millones de años más tarde, la era de los mamíferos sigue aun en pleno desarrollo.

Los mamíferos paren a sus hijos, y los cuidan, defienden y alimentan mientras son inmaduros. La reacción más habitual de un reptil ante sus hijos es la más distante y fría indiferencia; pone sus huevos y simplemente se marcha. Sus hijos no le importan. Por lo contrario, los mamíferos tienden a formar grupos sociales unidos de ayuda interactiva mutua, o sea familias, en las que los miembros dedican tiempo a cuidarse y a quererse unos a los otros. Los padres alimentan y protegen a los pequeños, y también se solidarizan y protegen entre ellos de las amenazas y peligros del mundo externo.

Un mamífero arriesgara, y a veces perderá la vida, para proteger un amigo, un hijo, o a su pareja de un ataque. En contraste un reptil observa la muerte de sus vástagos sin parpadear. Los mamíferos, en virtud de poseer un cerebro límbico, también juegan, corren, saltan, y se divierten entre ellos. Para un mamífero el juego o el deporte es poesía física en movimiento. Es una expresión más de sus tantas emociones.

En esencia, el sistema límbico carece de lógica y raciocinio, es eminentemente espontáneo e intuitivo, no admite orden razonada alguna, y trafica libremente con afectos, emociones, sentimientos, y estados de ánimo, Estos cuatro términos, relativos a la dimensión emocional, si bien son utilizados con relativa frecuencia, su esencia no se suele entender con claridad ni se suele establecer una clara diferencia bien ellos.

El “afecto” constituye parte de la expresión emocional externa de una persona. Permite expresar amor u odio a otra persona. La “emoción” se refiere a un patrón de respuestas fisiológicas breves. La emoción excita, comunica, dirige, y mantiene el comportamiento. El “sentimiento” es la experiencia subjetiva de las emociones. Los sentimientos pueden estar compuestos de experiencias complejas involucrando varias diferentes emociones a la vez. El “ánimo” es un estado o sentimiento interno de relativamente larga duración. Los estados de ánimo nos proveen con los escenarios emocionales internos donde se desarrollan e interpretan las experiencias del mundo externo. A modo de ejemplo, una persona deprimida tendrá un ánimo triste ante un hecho alegre.

El tercer cerebro del ser humano fue el último en aparecer hace aproximadamente 3 millones de años y se le denomina neo córtex (del griego “nuevo” y el latín “corteza” o “costra.” Es con diferencia el más voluminoso de los tres cerebros. El neo córtex ha crecido rápidamente hasta alcanzar proporciones masivas en relativamente poco tiempo evolutivo.

El neo córtex humano está formado por dos hojas simétricas, cada una del tamaño de un pañuelo grande y grueso de lino, y arrugada para caber mejor en la pequeña estructura ósea del cráneo. Como casi todo el cerebro, el neo córtex es un almacén de secretos y preguntas sin respuesta. Pese a todo, la ciencia ha realizado algunos progresos al trazar el mapa de las funciones y capacidades de este verdadero ejército neuronal tan abigarrado. Las acciones de hablar, escribir, planificar, y razonar se originan todas en el neo córtex - así también como la experiencia de nuestros sentidos, lo que entendemos por percepción, y nuestro control consciente del movimiento.

El cerebro neo cortical también posee el don de la abstracción, o sea la capacidad de simbolizar aspectos concretos de la realidad con elementos no concretos. El lenguaje es la abstracción más importante y quizá la más útil que poseemos. Pero el poder de simbolizar surgió no para garantizar el don de poder hablar con otros sino para potenciar la adaptación y lograr sobrevivir. La función primordial de la capacidad de abstracción es intentar ver y predecir el futuro, y en consecuencia prepararse adecuadamente para ello. La abstracción inventa la posibilidad de un futuro mental basándose en los datos del pasado – fenómeno conocido como extrapolación.

Como puede viajar al dominio de lo hipotético, el cerebro neo cortical puede imaginar, conceptualizar, o extrapolar, donde, cuando, y cómo comienza y termina un plan o una situación determinada, permitiendo así generar tácticas y estrategias, y ensayar y perfeccionar planes de acción sin revelar la intenciones antes de tiempo. Esta característica de poder imaginar y conceptualizar el futuro, y sus consecuencias, es lo que más nos define como seres humanos y quizá sea lo que convierte al cerebro humano en el arma más poderosa del planeta en todos los tiempos. No obstante, y a pesar de esta extraordinaria capacidad, la investigación está demostrando que el cerebro neo cortical no es el más avanzado de los tres, sino sencillamente el de más reciente aparición.

Cómo podemos apreciar, a lo largo de los años el largo proceso de la evolución ha conformado un cerebro que está fragmentado y es inarmónico, y en cierto modo está compuesto de distintas estructuras cuyas funciones, objetivos, e intereses a menudo compiten ferozmente entre si dentro de una misma persona. Aplicado al alto rendimiento deportivo todo lo anterior puede puede presentar un serio problema.

Los críticos del concepto biológico del cerebro trino (tres en uno) que estamos describiendo, han menospreciado la separación de supervivencia, emoción, e intelecto y lo han considerado como un romanticismo pasado de moda.

No obstante, si bien los tres cerebros se diferencian en linaje y función, nadie se ha atrevido a discutir el elevado grado de independencia y autonomía que ejerce cada uno de ellos. Cada cerebro ha evolucionado para interactuar con sus cohabitantes craneales, y las líneas de separación o demarcación entre ellos, cómo las que pueden existir entre el atardecer y el alba, son más bien transiciones difuminadas y oscurecidas que una división clara y exacta. La solida fisura existente entre la pasión y la razón es un tema antiguo pero ciertamente no un anacronismo; ha permanecido intacta porque se trata de una mente francamente dividida, y no necesariamente integrada. Un ejemplo claro de este concepto sería lo que nos dijo el ilustre matemático y filósofo Francés Blaise Pascal (1623-1662) hace más de 300 años: “El corazón entiende razones que la razón no comprende.” Es obvio que cada día que pasa esta frase cobra mayor peso.

La base médica y científica para separar la materia cerebral neo cortical de la límbica descansa sobre sólidos fundamentos neuroanatómicos y neuroquímicos. Las zonas límbicas exhiben una organización mucho más primitiva que las neo corticales. Grandes dosis de algunos medicamentos destruyen el tejido límbico pero dejan intacto el neo córtex, una proeza hecha posible por la divergencia evolutiva en la distinta composición química a nivel límbico y neo cortical.

Tampoco nadie duda que la capacidad de relacionarse, la comunión, la comunicación, y el juego en todas sus vertientes, tienen su hogar en el territorio límbico. Los daños límbicos suelen destruir las aptitudes paternales, las de amistad, y las de cariño. Por ejemplo las lesiones límbicas en los monos suelen eliminar su conciencia de la existencia de los demás. Con un gran daño límbico un mono tropieza con sus compañeros como si hubiese dado con un tronco o una piedra. Esto sucede porque el vínculo emocional límbico deja de existir.

Pero en nuestros cerebros conviven los tres simultáneamente, y la interacción de los tres entre sí, disfrazan y entremezclan hábilmente las normas de la vida de supervivencia, la vida emocional, y la vida racional. Las personas suelen ser más conscientes de la parte verbal y racional de su cerebro y por lo tanto dan por sentado que cualquier parte de su mente debe someterse a la presión del razonamiento y la voluntad. La investigación ha demostrado que esto no es así. Las palabras, los símbolos, las abstracciones, las buenas ideas, y la lógica no significan nada para al menos dos de nuestros tres cerebros. Las dos terceras partes de nuestro cerebro no entienden la palabra hablada y por lo tanto no toleran ni aceptan las órdenes ininteligibles del neo córtex.

Tanto los científicos como los artistas hablan del tormentoso y conflictivo torbellino interno que implica tener un cerebro tres en uno. Una persona no puede dirigir su vida emocional de la misma forma en que le dice a su sistema motor que levante una pesa, corra de aquí hasta ahí, o de un puntapié a un balón. Es más, no puede ni obligarse a sí mismo a desear o querer lo correcto. Tampoco puede amar a la persona adecuada, ser feliz después de una desilusión, o ni siquiera ser feliz en momentos felices. A las personas les falta esta capacidad, no por una deficiencia de disciplina sino porque la jurisdicción de la voluntad humana está circunscripta y limitada al último cerebro y a las funciones racionales y abstractas que tiene a su alcance.

Podemos influir sobre nuestra vida íntima emocional, pero no le podemos ordenar absolutamente nada, simplemente porque no entiende el lenguaje racional y abstracto y por lo tanto, no nos hará caso. De manera contra intuitiva, y en virtud de poseer un cerebro límbico cargado de una emocionalidad incontrolable, los mamarios podemos morir de amor y también de tristeza, de hecho en ocasiones suele suceder.

Solo el último de los tres cerebros trafica con la lógica, la abstracción, y la razón, y solo él, puede utilizar los símbolos abstractos que conocemos como palabras y conceptos para representar la realidad concreta. Por otro lado, el cerebro límbico trafica con emociones, afectos, y sentimientos, y aunque sea inarticulado e irracional, puede ser sumamente expresivo e intuitivo. Este, del mismo modo que el arte, puede provocar la inspiración, y también puede hacernos reaccionar de forma totalmente irracional. Todo esto que se asemeja a una locura tiene una traducción sumamente inexacta a nivel del neo córtex. De ahí que pensando racionalmente somos incapaces de resolver nuestros irracionales problemas emocionales.

Así pues, la descripción verbal del material emocional – y viceversa – exige una traducción sumamente difícil, sino imposible. Por eso a menudo nos vemos obligados a introducir, como sea, un sentimiento intenso en la apretada camisa de fuerza de nuestra expresión simbólica verbal. A menudo, cuando la emocionalidad sube hacia una tonalidad superior, también lo hace el lenguaje no verbal del cuerpo de manera paralela.

Tampoco el amor y la pasión humana comienzan como una idea racional nítida y clara - sino como todo lo contrario. De hecho, el amor, para que sea de verdad, o bien es una locura o no es nada. El amor racional, definido con la exactitud y la precisión de un tiralíneas, simplemente no existe. Esto se debe a que el mal emparejamiento, acoplado a una deficiente sincronización anatómica y funcional entre los cerebros límbico y neo cortical, impide que el intelecto racional discierna las intimas características del amor con la misma seguridad con la que distingue la frustración que se siente cuando se intenta tomar el contenido de un plato de sopa empuñando un tenedor de tres puntas en vez de una cuchara. Por ahí debemos comenzar... ya que de este punto tan importante y trascendente depende nuestro futuro como especie.

A pesar de todo lo antedicho, mi experiencia dentro de la psiquiatría me ha demostrado que aún existen algunas personas que desean vivir dentro de los confines de un mundo simbólico y cortical eminentemente lógico, racional, y límbicamente frío. Si tal es el caso, solo encontraran ese mundo simbólico y objetivo que tanto anhelan abriendo la puerta y adentrándose dentro de esa compleja disciplina académica conocida como matemática pura.

Pero recuerden que al hacerlo estarán cerrando la puerta con llave y para siempre, a ese mundo tan humano, imperfecto, impreciso, y subjetivo donde reina el "yo siento, yo opino, yo quiero, yo considero, yo veo, a mí me parece, y el yo te quiero...".

 

Y ese, ese,…. es el mundo en el que vivimos.

 

 

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